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Tras levantarse y prender el calentador en los pocos meses que el frío invade nuestro puerto, como todos los días tendió su cama y ordenó su ropa, planchó el uniforme de los miércoles y tomó su acostumbrado baño de veinte minutos con agua moderadamente tibia, exfoliando cada parte de su piel.
Frente al espejo, pensaba un tanto en si debajo del tinte otrora “rubio y sobrepagado” hoy se ocultarían alguna que otra cana ondulante. Cual soldado volteó súbitamente a uno de sus flancos, mirándose de lado y jalándose la blusa y girándose hacia el otro.
Más bien de corte robusto, sus pantalones talla 10 se le veían elegantes, tomó el saco “vanity” y su bolsa de imitación piel y marca, tomó el autobús y tras tambalearse por 25 minutos se paró dos cuadras antes de su oficina y pagó un endulzado café imitación late.
La pobreza del oficinista es dadivosa: pasa por una bolsa de pan para el resto de su equipo. Jarochísima mezcla entre “canillas”, “finas”, “bombas” y “ojos de pancha”. Poca plática antes de iniciar el día, diligencia al morder el pan y no llenar de migas indeseables los “B/L´s” y demás papeles de sus clientes. Inicia el día
Aquí en el puerto son solo 2 meses con “fríos” de 21 grados Celsius, tan ligeros como el alma…tan efímeros que no se pueden desaprovechar para sacar gabardinas y bufandas…
Objetivo (Klept0 dix it): Todos necesitamos una pizca de Gran Manzana.
(Escrito inconcluso desde hace un par de años en mi escritorio y que escogió la Primavera para salir al mundo)
3 comentarios:
"La pobreza del oficinista es dadivosa", una joya mi estimado.
A veces me recuerdas a Germán Dehesa...
Sigo esperando aquellas chelas.
Totalmente de acuerdo con Leoperbo, e incluso añado que esa frase, bien hubiera podido ser el título, de tu no-name-post.
Ö_Ö
¿Un café lecherito en los Portales?
Saludos descafeinados.
El Zórpilo.
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